¿Cómo se deletrea Bill Belichick? ¿Habrá algún otro Eli famoso aparte del menor de los Manning? ¿Con qué canción empezará Madonna su show en el Súper Domingo? Estas no son exactamente las preguntas que elegirían los conocedores para analizar el Súper Tazón entre los Gigantes de Nueva York y los Patriotas de Nueva Inglaterra, pero así es el día de atención a la prensa: una especie de circo anual. Con los jugadores y entrenadores metidos en cubículos como si se trataran de estrellas del espectáculo, se suman a la concurrencia, un sujeto con disfraz de superhéroe, otro con un uniforme antiguo, e incluso niños con micrófonos. Le preguntaban a los jugadores, lo que les pasara por la mente. "Nunca había visto nada igual", dijo el safety de Nueva Inglaterra Patrick Chung. La verdad es que ninguno lo había visto, ya que por primera vez la NFL permitió la asistencia de aficionados al multitudinario evento. La cuota para entrar fue de 25 dólares en el ambiente del evento deportivo que reune a más aficionados norteamericanos frente al televisor. Los afortunados se sentaron en las gradas del Lucas Oil Stadium y escucharon las entrevistas con auriculares. "No podemos escuchar todas las preguntas, así que tenemos que adivinar", dijo Lee Clifford, quien llevó a sus hijos Ben, de 10 años, y Nick, de 8. De la seriedad al circo Un equipo de la cadena de televisión de habla hispana Telemundo sorprendió al llevar bolas de espejos para simular una discoteca. No se sabe a ciencia cierta cuándo los días de prensa de la NFL se convirtieron de un show bien montado, a un verdadero ridículo. Y los mexicanos han contribuido a esto. Hace cuatro años, una reportera de TV Azteca se presentó con un vestido de novia con la esperanza de ganar el corazón de Tom Brady. Este año no hubo propuestas de matrimonio para el mariscal de campo patriota, pero sí respondió algunas "interesantes" preguntas. "Fue bastante fácil para mí", dijo Brady en respuesta a la pregunta de cómo fue crecer con tres hermanas mayores. "A veces me vestían con su ropa y me pintaban las uñas, pero eran momentos agradables". La mayoría de los jugadores tomaron las cosas con humor, sabían de antemano a lo que se enfrentarían al llegar. A Belichick no le hubiera dado gracia que le pregunten cómo se deletrea su apellido pero, qué importa, si dirige a un equipo que aspira a ganar otro Súper Tazón, tal vez se le presente otra "gran" oportunidad.