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El nuevo cártel




En el gabinete de seguridad en Palacio Nacional, el 1 de febrero, el general Audomaro Martínez, director del Centro Nacional de Inteligencia, presentó un informe detallado sobre Sangre Nueva Zeta, una organización criminal que no era nada hace dos años, hoy asociada al Cártel Jalisco Nueva Generación, que se ha extendido por los territorios dominados por los huachicoleros, en donde surgieron. Ya no se considera una banda delictiva menor, sino una estructura que en poco tiempo adquirió fuerza, dinero, poder y capacidad de fuego, como consecuencia de la nula estrategia de combate al crimen organizado, que la convierte en la primera de envergadura que nace durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Los inicios de esta organización fueron a finales de 2019, cuando aparecieron dos narcomantas en Puebla que se atribuyó un grupo desconocido hasta entonces, Sangre Nueva Zeta, y que fue desestimado por las autoridades como una amenaza, aunque no dejaron de investigar.

Sangre Nueva Zeta, que surgió de los huachicoleros que trabajaban para Los Zetas, se fue fortaleciendo y extendiendo sus redes de influencia más allá del llamado Triángulo Rojo, que comprende los municipios poblanos de Acajete, Acatzingo, Palmar del Braco, Quecholac, Tecamachalco y Tepaca, y se desplegó con fuerza a Veracruz y Tlaxcala, bajo el liderazgo general de Roberto de los Santos de Jesús, apodado el Bukanas, que había entrenado a sicarios halcones de Los Zetas.

Sangre Nueva Zeta, que ha extendido su portafolio de crímenes al tráfico de cocaína, robo, secuestro y extorsión, pudo crecer porque la anunciada guerra contra el huachicoleo en diciembre de 2018 realmente no fue tal, sino que sirvió como un recurso político para ocultar el desabasto de gasolina provocado desde la transición por las decisiones equivocadas de quien asumió la dirección de Pemex, Octavio Romero Oropeza. El robo de combustible no se detuvo. En agosto del año pasado, información obtenida a través de Transparencia dibujaba la otra cara del discurso oficial.

El encubrimiento del desabasto de gasolina –producto de la incompetencia del nuevo gobierno y del despido a rajatabla y sin análisis de personal con experiencia– produjo un combate al huachicol de palabra, que ocasionalmente ha vuelto a servir en la narrativa presidencial. Fuera del escenario que atiende a la opinión pública, la batalla la está perdiendo el gobierno ante los grupos criminales. Lo más claro, para el público, es que la violencia no se acabó en Guanajuato, como prometía el exsecretario de Seguridad, Alfonso Durazo, cuando descabezaron al Cártel de Santa Rosa de Lima. Lo que no se ha visto aún es lo que presentó el director de la inteligencia civil en el gabinete de seguridad hace tres lunes, al mostrar el crecimiento de Sangre Nueva Zeta, el primer cártel que nació en el gobierno de López Obrador.

R.R.P.

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