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El nuevo feminismo en América Latina

 






Lo nuevo del feminismo es el rigor de la perspectiva de género y la intensidad de una juventud del siglo XXI globalizada y conectada.

Las movilizaciones contra el racismo y el machismo en América Latina no son nuevas. La historia de ambos se confunde con la lucha contra la esclavitud y la discriminación, por el sufragio, el trabajo y la igualdad entre hombres y mujeres. Lo novedoso del feminismo latinoamericano es el rigor de la perspectiva de género, madurado por varias generaciones de intelectuales femeninas, y la intensidad conferida por la juventud globalizada y conectada del siglo XXI.

En el libro “América Latina. Del malestar social a la implosión económica y sanitaria ”(Critica, 2020), coordinada con Vanni Pettina, la feminista cubana Ailynn Torres Santana sostiene algo válido para toda la región. Nuevas demandas feministas, como las antirracistas y ambientalistas, comienzan a ser más autónomas dentro de las agendas tradicionales de la sociedad civil y los movimientos sociales y denuncian el estancamiento legal del enfoque de género por parte de los estados latinoamericanos y caribeños.

Lo que hemos visto en los últimos días en países como Brasil, México, Argentina, Ecuador y Chile muestra, una vez más, que este estancamiento afecta, en distintos niveles de gravedad, a gobiernos de derecha o de izquierda. En Argentina, hace apenas unos meses, el gobierno de Alberto Fernández impulsó una ley que garantiza el aborto gratuito y asistido. En México y Brasil, Venezuela y Colombia, Perú y Chile persiste la criminalización, aunque en México ha habido avances notables en algunos estados.

Las tasas de acoso sexual, violencia contra las mujeres y feminicidios siguen siendo extremadamente altas en América Latina como región. En México, la situación es especialmente grave, según un informe reciente de Amnistía Internacional, que indica que los casos de feminicidios van en aumento. En 2015 se abrieron un total de 411 expedientes por esta causa. En 2020 el número fue de 860, casi el doble.

Estas cifras están muy por debajo de las estadísticas reales, ya que solo en 2019, según datos oficiales, se registraron 911 feminicidios y 2,862 intentos de homicidio contra mujeres en México.

Estas estadísticas hablan del atraso en las leyes y la justicia ante la violencia de género. La gravedad del caso mexicano no ilustra una excepción sino una norma de los procesos legislativos y de administración de justicia en América Latina. Las leyes contra la violencia de género y la prevención, identificación y sanción de los feminicidios van tres pasos por detrás del machismo y la misoginia en nuestros países.

Esta distancia va aumentando en estos días, cuando a las condiciones de desigualdad y desamparo que viven millones de mujeres, se suma la represión de las marchas feministas en varias ciudades latinoamericanas. La represión y el descrédito provienen de gobiernos de derecha o de izquierda. Incluso llegan a presentar a los grupos de mujeres como "golpistas" o "fascistas".

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